El amor por la lectura: ¿un hechizo de amor?

El tema pica y se extiende y no puedo resistirme a citar un post de Grafósfera, titulado Mediador@s de lectura, ya que se extiende, con una prosa privilegiada, en algunas anécdotas sobre el aprendizaje de la lectura y la manera en la cual los niños pueden “ser encantados”.
Vale la pena toda la lectura pero sólo citaré acá algunas de las cosas que me parecen fundamentales:

1) Ritmo de lectura, ritmo de soledad:

La lectura no es asunto fácil y así debe advertirse. Requiere un tiempo y espacio propios, una soledad buscada, que encuentra numerosos obstáculos en este mundo de permanentes reclamos visuales, de voraz consumismo y de prisas continuas. La competencia con los ordenadores, los videojuegos, determinadas películas, la televisión y otros artilugios de la revolución informática es dura y desigual. Mientras que algunas de estas formas de ocio se prestan a una interactividad efectiva e instantánea y al disfrute comunitario, en pandilla; el libro precisa de otros modos, de otro ritmo y por lo común de un encuentro que ha de ser personal y callado, casi a hurtadillas.

2) Bibliotecas y valor liberador de la palabra:

es obligación de toda sociedad democrática comprometida con el valor liberador de la palabra escrita. Por ello, cuando se pergeñan leyes y planes de fomento de la lectura sería oportuno que éstos no se quedaran en los discursos hueros y retóricos de lo mucho que la misma puede aportar al ser humano. Tal vez deberían ceñirse a la realidad social de la que se parte por más que ésta no suela acomodarse a los gustos y deseos de las minorías pensantes. Habría que bajar a la calle y comprender que aún son muchos los hogares donde los libros son simples objetos decorativos en el mueble del salón. Habría que pensar por qué las bibliotecas escolares carecen de volúmenes y, sobre todo, por qué dependen de las horas de atención asignadas a cada profesor o profesora y no de alguien experto en el ramo. Habría que ver, en suma, qué panorama ofrecen las bibliotecas más inmediatas, las municipales, si tienen los fondos suficientes y qué actividades realizan, pero también si disponen de un personal cualificado y de los medios adecuados.

3) Mediadores de la lectura:

Me refiero, por supuesto, a los primeros mediadores, a saber: los padres y madres, cuyo cometido es indelegable aunque muchas veces tampoco sean ellos los responsables de sus propias limitaciones; las maestras y los maestros, sobre todo los que trabajan en los niveles de la enseñanza obligatoria; las bibliotecarias y bibliotecarios de escuelas y barrios, cuya función conlleva implicarse en la comunidad y buscar cauces de colaboración con los maestros; e incluso los libreros y libreras de a pie, los que bregan en la cotidianeidad más ramplona del libro, lejos de los cenáculos literarios.

A ellos, termina diciendo el autor deben estar encaminadas todas las iniciativas que busquen fomentar el libro y la lectura.

Aviso

Esta entrada corresponde al archivo histórico de Ciberescrituras (2005-2012).

También te puede gustar...

5 comentarios

  1. ID: 1197223
    Me alegra que he haya gustado mi reflexiones sobre los “Mediad@res de lectura”. Mi idea es escribir artículos de este tipo de cuando en cuando, para con ellos completar la parte más informativa del blog.
    Un saludo.

  2. ID: 1215958
    Trataré, entonces, de colgar un artículo a la quincena. Algún día espero también “colgar” mis antiguas colabraciones en prensa y revista sobre temas afines.

Deja un comentario